Hubo un antes y un después de verle, la verdad es que mi cerebro conecto instintivamente con algo suyo.
Siempre he tenido claro que para obtener resultados extraordinarios hay que realizar acciones sobrehumanas, y si, ahi estaba yo, poniéndome los guantes, apretándome el casco y arrancando lo que seria la ruta mas extrema que había rodado en moto, el destino: sus brazos!
El camino fue tortuoso, eche mano de los ángeles verdes para un traslado porque el caballo se andaba casando, quiza fue la primera señal que Dios me mando para evitara lo inevitable.
Un grupo Biker con un taller propio se encargo de darme ese shot de fuerzas que ocupaba para las próximas 9 horas, ademas de un ajuste de carburador y una oración que me cimbro, pero que también me hizo saber que estaba haciendo lo correcto.
La lluvia llego en el momento menos esperado, justo cuado se termino la batería de los audífonos (si pienso en que recibí muchas señales para evitar lo inevitable, esta fue una mas), y duro las siguientes 6 horas.
Mucho respeto se requiere al rodar, respeto a la moto, a tu vida y a los demás conductores, pero siempre, cual piedrita en el zapato, te topas con gente que no tiene temor a la vida misma, que vive sin escrúpulos y acelera sin razon ni precaución, sin mencionar que frenar de golpe pueda tener repercusiones ajenas, y volantear le puede quitar al de a lado la estabilidad, concentración y hasta el aliento. Pero si se juntan todos esos factores y se suma que el de a lado eres tu, puffffff, lo resumiré como una tercer señal de la vida pidiendo que reaccionara!
Ya todos madreados (la moto y yo) comenzó un recorrido sin precedentes, con una palanca de freno rota, raspones por todo el cuerpo, el uniforme de cobrador de Coppel todo rasgado, el casco con la visera mas raspada que mi cartera después de cubrir los pagos de quincena, con un tablero que dejo de funcionar, pero sobre todo con la ilusión de llegar
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